Al navegar entre publicaciones y grupos de reventa, se observan decenas de entradas a precios inflados para el partido de la Selección Nacional contra El Salvador.
Una frustración común se repite: boletos agotados en minutos y luego ofrecidos por el triple de su precio original en redes sociales.
Una fila que nunca alcanzó
Fanaticks, la boletera contratada, explicó a República que la venta respondió a un fenómeno matemático: miles de usuarios conectados al mismo tiempo frente a un inventario limitado. “Fue un error de relación entre oferta limitada y demanda extraordinaria”, aseguraron.
La fila virtual distribuía turnos de forma aleatoria entre quienes ya estaban conectados antes de la hora de apertura. La empresa insistió en que procesó todas las transacciones bajo reglas claras y verificables.
Sin embargo, para quienes esperaron en la pantalla, la experiencia fue otra. Uno relató que su turno llegó después de una hora, pero cuando quiso comprar, el evento había desaparecido. Otro aficionado, aseguró que colocó un número erróneo en el apartado que solicitaba DPI e igual pudo adquirir entradas.
En redes sociales, la percepción es que el acceso parece un juego de azar donde la suerte y la velocidad pesan más que la fidelidad o la anticipación.
Expectativa vs realidad
El problema no se reducía al sistema, sino al tamaño del estadio Cementos Progreso, que tiene una capacidad para 11 000 personas, a diferencia del Doroteo Guamuch Flores (20 000). Gerardo Paiz, presidente de la FEDEFUT, aclaró a República que ese cambio de sede impactó directamente en los contratos con patrocinadores.
Los compromisos contractuales obligaron a que de las 11 000 se asignaran 6000 boletos en preventa: una parte a patrocinadores, jugadores para sus familias y otros equipos ligados al torneo. El resto se colocó a la venta general. La Federación obtuvo GTQ 3M en ingresos por este partido.
En la plataforma llegaron a formarse colas virtuales de hasta 50 000 personas. “Obviamente, no iban a alcanzar”, reconoció Paiz, quien rechazó tajantemente que la Federación hubiera retenido entradas para revenderlas.
Números que no cuadran
El diputado José Chic presentó recientemente un informe de la FEDEFUT sobre la venta de entradas del partido. El documento no incluye datos de la preventa ni responsables de su manejo. Según el legislador, se detectó que tres tarjetas adquirieron 618 boletos en total, con compras masivas que alcanzaron hasta 50 tickets cargados a una sola tarjeta. Esto evidenciaría acaparamiento.
En total, se registra la venta de los 11 000 boletos, pero las cifras no cuadran con lo pactado, según el diputado, pues aseguró que, según el contrato, debían ponerse a la venta 12 000 boletos, pero solo reportaron 10 627. Además, se detalla que 1354 entradas fueron destinadas a patrocinadores fuera del convenio con la taquillera. Cada miembro de la Federación recibió también nueve entradas en platea.
“Es parte de lo que hemos encontrado […] vean el informe, se van a dar cuenta de que por alguna razón no pusieron el número de DPI, tampoco pusieron el número de la tarjeta o, por lo menos, el nombre de las personas que adquirieron las entradas. Van a encontrar el patrón de compra que hubo en este sentido y esto evidencia más dudas”, destacó.
¿Ni los revendedores consiguieron entradas?
Mientras las quejas inundan las redes, otro sector alzó la voz: los propios revendedores. Byron Ávila, representante de la asociación que agrupa a varios de ellos, negó que hubieran acaparado los boletos.
“La gente piensa que nosotros acaparamos, pero eso no es cierto. Intentamos ingresar como cualquier aficionado. Algunos compañeros tenían el turno cuatro, listos para comprar, y les tiraba que ya no había boletos”.
Ávila agrega que, dentro de su gremio, tampoco tienen claro qué sucedió. “No podemos asegurar que hubo negocio de alguien, no nos consta. Como revendedores el día del evento iremos a trabajar: vamos a comprar y a revender”.
Su explicación pone en evidencia la paradoja: incluso los revendedores, que históricamente han sido señalados como los principales beneficiados, ahora aseguran haber quedado fuera. Sin embargo, basta con entrar a las redes para comprobar que entradas al triple o más circulaban a los pocos minutos de agotarse en la plataforma oficial.
Modelo actual bajo presión
Las críticas sobre la transparencia del sistema han llevado a la dirigencia a considerar cambios. Entre las propuestas está regresar a las colas físicas, donde los aficionados vean cómo se venden los boletos frente a ellos, o implementar sorteos como lo hace la FIFA. “Tal vez ver una cola real da más confianza que ver un número en la pantalla”, admitió Paiz.
En septiembre se dará a conocer la modalidad de venta para los siguientes dos encuentros. Sin quejas formales en la Dirección de Atención y Asistencia al Consumidor y con los organizadores defendiendo sus procesos, persiste la sensación compartida de que conseguir un boleto legítimo se ha convertido en un desafío casi imposible, lo que deja un vacío que alimenta la incertidumbre y la reventa.
Al navegar entre publicaciones y grupos de reventa, se observan decenas de entradas a precios inflados para el partido de la Selección Nacional contra El Salvador.
Una frustración común se repite: boletos agotados en minutos y luego ofrecidos por el triple de su precio original en redes sociales.
Una fila que nunca alcanzó
Fanaticks, la boletera contratada, explicó a República que la venta respondió a un fenómeno matemático: miles de usuarios conectados al mismo tiempo frente a un inventario limitado. “Fue un error de relación entre oferta limitada y demanda extraordinaria”, aseguraron.
La fila virtual distribuía turnos de forma aleatoria entre quienes ya estaban conectados antes de la hora de apertura. La empresa insistió en que procesó todas las transacciones bajo reglas claras y verificables.
Sin embargo, para quienes esperaron en la pantalla, la experiencia fue otra. Uno relató que su turno llegó después de una hora, pero cuando quiso comprar, el evento había desaparecido. Otro aficionado, aseguró que colocó un número erróneo en el apartado que solicitaba DPI e igual pudo adquirir entradas.
En redes sociales, la percepción es que el acceso parece un juego de azar donde la suerte y la velocidad pesan más que la fidelidad o la anticipación.
Expectativa vs realidad
El problema no se reducía al sistema, sino al tamaño del estadio Cementos Progreso, que tiene una capacidad para 11 000 personas, a diferencia del Doroteo Guamuch Flores (20 000). Gerardo Paiz, presidente de la FEDEFUT, aclaró a República que ese cambio de sede impactó directamente en los contratos con patrocinadores.
Los compromisos contractuales obligaron a que de las 11 000 se asignaran 6000 boletos en preventa: una parte a patrocinadores, jugadores para sus familias y otros equipos ligados al torneo. El resto se colocó a la venta general. La Federación obtuvo GTQ 3M en ingresos por este partido.
En la plataforma llegaron a formarse colas virtuales de hasta 50 000 personas. “Obviamente, no iban a alcanzar”, reconoció Paiz, quien rechazó tajantemente que la Federación hubiera retenido entradas para revenderlas.
Números que no cuadran
El diputado José Chic presentó recientemente un informe de la FEDEFUT sobre la venta de entradas del partido. El documento no incluye datos de la preventa ni responsables de su manejo. Según el legislador, se detectó que tres tarjetas adquirieron 618 boletos en total, con compras masivas que alcanzaron hasta 50 tickets cargados a una sola tarjeta. Esto evidenciaría acaparamiento.
En total, se registra la venta de los 11 000 boletos, pero las cifras no cuadran con lo pactado, según el diputado, pues aseguró que, según el contrato, debían ponerse a la venta 12 000 boletos, pero solo reportaron 10 627. Además, se detalla que 1354 entradas fueron destinadas a patrocinadores fuera del convenio con la taquillera. Cada miembro de la Federación recibió también nueve entradas en platea.
“Es parte de lo que hemos encontrado […] vean el informe, se van a dar cuenta de que por alguna razón no pusieron el número de DPI, tampoco pusieron el número de la tarjeta o, por lo menos, el nombre de las personas que adquirieron las entradas. Van a encontrar el patrón de compra que hubo en este sentido y esto evidencia más dudas”, destacó.
¿Ni los revendedores consiguieron entradas?
Mientras las quejas inundan las redes, otro sector alzó la voz: los propios revendedores. Byron Ávila, representante de la asociación que agrupa a varios de ellos, negó que hubieran acaparado los boletos.
“La gente piensa que nosotros acaparamos, pero eso no es cierto. Intentamos ingresar como cualquier aficionado. Algunos compañeros tenían el turno cuatro, listos para comprar, y les tiraba que ya no había boletos”.
Ávila agrega que, dentro de su gremio, tampoco tienen claro qué sucedió. “No podemos asegurar que hubo negocio de alguien, no nos consta. Como revendedores el día del evento iremos a trabajar: vamos a comprar y a revender”.
Su explicación pone en evidencia la paradoja: incluso los revendedores, que históricamente han sido señalados como los principales beneficiados, ahora aseguran haber quedado fuera. Sin embargo, basta con entrar a las redes para comprobar que entradas al triple o más circulaban a los pocos minutos de agotarse en la plataforma oficial.
Modelo actual bajo presión
Las críticas sobre la transparencia del sistema han llevado a la dirigencia a considerar cambios. Entre las propuestas está regresar a las colas físicas, donde los aficionados vean cómo se venden los boletos frente a ellos, o implementar sorteos como lo hace la FIFA. “Tal vez ver una cola real da más confianza que ver un número en la pantalla”, admitió Paiz.
En septiembre se dará a conocer la modalidad de venta para los siguientes dos encuentros. Sin quejas formales en la Dirección de Atención y Asistencia al Consumidor y con los organizadores defendiendo sus procesos, persiste la sensación compartida de que conseguir un boleto legítimo se ha convertido en un desafío casi imposible, lo que deja un vacío que alimenta la incertidumbre y la reventa.