A sus 23 años, Diego Roldán ya acumula experiencias que muchos artistas alcanzan después de años de carrera. El cantante guatemalteco de música regional mexicana ha cantado ante miles de personas tras abrir conciertos de Bronco y Marco Antonio Solís. Durante una entrevista con República, dejó la impresión de tener claridad sobre el rumbo que desea para su carrera artística y los objetivos que busca alcanzar. Roldán destacó el respaldo de su familia, la disciplina y la fe como pilares de su trayectoria. Además, resaltó el valor de su equipo de trabajo y de las redes sociales para acercar su música al público. Su meta es innovar mediante la fusión de géneros sin perder autenticidad ni cercanía con sus seguidores.
¿Qué experiencia tiene como artista regional mexicano en Guatemala?
—Amo lo que hago. Estamos con música nueva, algo que no existía, como mezclar géneros y posicionar sonidos. Es bonito y creo que es posible. En Guatemala se puede ser artista y llegar a un montón de corazones. Nuestro reto es alcanzar al mundo. Hemos conocido a un montón de gente que me ha hecho pensar así.
La experiencia más bonita es conocer a personas que comparten este sueño. También tienen estas ganas de salir. Por eso creo que sí se puede. Es una aventura interesante.
¿Cómo surgió el contacto para abrir el concierto de Marco Antonio Solís?
—Fue de las experiencias más grandes en mi carrera. El contacto, yo siempre digo que es Dios, pues ha hecho cosas grandes. Solo le faltó bajarse del cielo y decirme: “mira, vos podés”.
Tuve un tiempo, cuando empecé a cantar, que yo decía que no pertenecía a esto. Entonces, empecé a ir a la iglesia. Me acerqué mucho a Dios y allí conocí a un empresario que trae artistas. Me dio la mano y me dijo: “mira, yo voy a confiar en vos. Te voy a dar las oportunidades”.
Estuvimos con Bronco tres veces, una banda que admiramos bastante. La primera no la podía creer. Cuando estaba en la tercera dije: “madre, esto es de verdad”.
¿Cómo vivió la experiencia de cantar ante miles de personas?
—Agarré el micrófono y dije: “esta gente viene por Marco Antonio y no por el artista nacional; no viene por Diego”. Temblé de las piernas y digo: “buenas noches, Guatemala”. Y escucho esa vibración de la gente. Eran 14 500 personas felices y con gritos.
Me hicieron creer que estaban ahí por mí. Ha sido la experiencia más grande que he vivido hasta el momento y esperamos que vengan muchísimas más.
¿Cómo ha influido su familia en el desarrollo artístico profesional?
—Es una bendición. Dios todo lo hace perfecto. Nos complementamos más que todo con mi hermano Rodrigo. Ahorita es mi manager, productor, mano derecha y, donde le gusta cantar, ya estuvo que me quitó el puesto. Hace absolutamente de todo. Y el apoyo de mis papás, la verdad es que ha sido incondicional desde el primer día.
De hecho, mi mamá me metió a clases de canto sin que yo supiera, porque a mí me daba pavor cantar enfrente de la gente. Ella también cantaba y tenía este sueño. Me metió a las clases con Angélica Rosa. Una maestra que yo amo con todo mi corazón. Siempre digo que ella me hizo como artista y como persona. Mi hermana también está en las redes sociales y hace cosas constantemente.
¿Cómo logró desenvolverse con naturalidad frente a los medios?
—Es por la experiencia de ir a varios lugares y de conocer a las personas. Vuelvo a mencionar a Angélica. Fue una maestra divina, preciosa. Me preparó en varios ámbitos, no solo en cantar. Me enseñó que cantar no es solo pararse en el escenario y verse bonito.
Me enseñó teatro, me enseñó modelaje y me enseñó cosas que yo dije que jamás iba a hacer en la vida. Entré a la clase y dijo: “mira, te voy a poner a modelar ahorita”. Dije: “pues yo no quiero hacer eso, yo quiero cantar”. ¡Pensé que iba a entrar y me iban a poner a cantar de una! ¡Mentiras!
Me ponía a hacer monólogos de comedia y de tristeza. Eso me ayudó bastante. Por eso la admiro mucho.
¿Cómo continúa su formación artística después de las clases?
—Nunca voy a dejar de aprender. Cuando terminé mis clases con Angélica, y ella me soltó, dijo: “mira, este es el mundo real”. Así empezamos a cantar en lugares que nunca voy a olvidar. Hay lugares bonitos y también feos. Obviamente, uno no sale a cantar en un estadio de una vez.
Tuvimos varias experiencias en las que el público me miraba y decía: “¿quién es este?” Y yo, de los nervios, terminaba con voz de gallo y otras cosas. Eso me formó y seguimos con el aprendizaje. Conocer músicos es la parte más importante. Ahorita contamos con 11 en la banda y todos ellos me enseñan día con día.
¿Cómo se integra el equipo que le respalda en cada proyecto musical?
—No es solo Diego Roldán. Hay un montón de gente atrás. Vuelvo a mencionar a Dios, porque me mandó un equipo bien bonito y grande. Es gente que tiene el mismo sueño que yo y que me quiere ver bien. Admiro a cada uno de los músicos. Nosotros tenemos un dicho que dice: “detrás de un artista hay más artistas”.
Porque eso es lo que son. No solo los músicos. Otro ejemplo: De hecho, en mi Instagram tenemos una sección que se llama Detrás de un artista hay más artistas, donde hablamos de todos ellos.
¿Cómo ha enfrentado el reto de crecer en redes sociales?
—Una cosa es cantar y otra hacer contenido. Hoy en día creo que va muy de la mano. Hay que subir contenido todos los días. La gente quiere ver cosas nuevas, deslizar y verte otra vez. Toca meterse en el teléfono de las personas. La experiencia es bonita y bien chistosa.
Hemos hecho contenido de un montón de cosas. Ahí meto a mi hermano otra vez, pues se encarga de eso. Yo empecé a realizar contenido en la pandemia, y era de comedia, algo que no iba de la mano con la música. La transformación de contenidos es interesante. No cualquiera se pone enfrente de una cámara. A mí me encanta hacer contenido y ser yo.
¿Cómo maneja la diferencia entre la vida real y la digital?
—Es muy parecida. En cámaras no soy muy diferente a quien soy yo en la vida cotidiana. Siempre he querido ser transparente, aunque a veces es difícil. Obviamente, no puedo agradarle a todo el mundo.
¿Qué diferencias encontró entre los públicos?
—Todos los públicos son diferentes, pero inolvidables, a pesar de que estemos en la misma región. Visitamos Jutiapa, Chiquimula y Quetzaltenango. La ciudad es nuestro lugar más recurrente.
La primera vez canté en un restaurante donde nadie me escuchó. Y a los meses, porque fue rapidísimo, le abrimos el concierto a Bronco con 10 000 personas. Fue un cambio bien bonito. Sigo sin creerlo, pero lo disfruto.
¿Qué canción considera más importante dentro de su carrera artística?
—La primera canción que compuse fue Invisible. La hicimos con el productor Juan Fernando Herrera, a quien admiro bastante. Él me ayudó a meterme en ese ámbito. Porque una cosa es grabar en un estudio y otra cantar en el escenario. Son artes diferentes.
Tatl G me enseñó cómo era la composición, en especial con esta canción. Otra composición que me gusta mucho es Cuídela bonito. Es de mis primeras producciones. Por último, destaco la reciente producción discográfica de Ni Limón Ni Sal, que tiene cuatro canciones. Es nuestro primer EP (Extended Play).
¿Por qué eligió la música regional mexicana como género principal?
—Siempre estuve de botas y sombrero. Mi papá es de Oriente y nos lo inculcó. Entonces, el género es parte de nuestras vidas. Me mueve el alma y el corazón. La música es mover sentimientos y mover el alma. No solo son sonidos bonitos. Y este género me lo da totalmente.
¿En qué otros géneros musicales le gustaría incursionar?
—El primero sería la cumbia. Nosotros queremos mezclar géneros, fusionar sonidos y hacer cosas nuevas. Y hoy en día se puede. Le seguiría el merengue. Ahora hacemos algo con funk. Será algo movido, pero siempre mezclado. Porque existen un montón. Son como los idiomas, los colores, las letras.
Evolucionan todo el tiempo y se pueden hacer muchísimas cosas más. Y ni las conocemos. Porque en el tiempo de Vicente Fernández, si hubiera escuchado un corrido tumbado, hubiera dicho: “¿qué pasa aquí?”.
¿Con qué artistas sueña colaborar en Guatemala y el extranjero?
—Hay artistas que nos han inculcado bastante. Referentes bien grandes. Bronco es uno de ellos, de los pioneros de la cumbia regional. Con ellos sería un sueño. Hemos estado en movimientos para lograrlo.
Hay una banda nueva que se llama Bohemio. Yo los veo muy parecidos, en el mismo ámbito e incluso en las mismas edades. Con ellos está el sueño. Y, obviamente, ¿por qué no soñar con Carín León?, que es el referente más grande.
Vimos a Edén Muñoz en vivo. Lo conocimos y me di cuenta de que es un artista gigante. Con él está la meta. El Grupo Frontera es otra opción. Madre, hay artistas que son gigantes. ¡Me encantaría colaborar con ellos!
¿Cómo ha manejado los altibajos emocionales de la carrera artística?
—Es un sube y baja de emociones. En esta carrera así es, pero tomado de la mano de Dios, todo va a ser con paz. Y eso he buscado en mi carrera. Ver un comentario malo me puede bajonear. Pasa, porque soy humano. Tengo claro que pertenezco aquí, que pertenezco a esta carrera y que van a venir cosas bien grandes.
¿Qué profesión habría elegido si la música no existiera?
—Yo hubiera sido albañil para seguir cantando. Mentira. La verdad es que me llamaban la atención la medicina y la psicología. Ahora, como cantante, creo que sigo en modo psicólogo. Porque los sentimientos son lo más grande. Incluso más que la voz y más que el show. Los sentimientos están.
Otro escenario sería el de tomar fotos a la par de mi hermano; sería la mano derecha. Hubiese sido al revés el rol.
¿Qué aspiraciones familiares tiene más allá de la carrera musical?
—Creo que formar una familia sería algo muy bonito. Esa etapa también transformaría mis letras y les daría un sentido distinto. Si algún día mis hijos se interesan por la música, los apoyaré con todo. Aunque pienso que mi futuro hijo podría ser doctor, cirujano o algo así.
¿Cómo ha sido su relación con el público fuera de los escenarios?
—Ha sido bien bonito: cada vez que la gente me saluda o me pide una foto, estoy bien agradecido con ellos, pues son las personas que me escuchan. Así es como la gente demuestra su cariño y su amor.
Hay muchas personas que te pueden conocer, que pueden saber quién sos en la calle y decir: “madre, ahí va ese man”, o incluso utilizar palabras menos agradables. Pero si alguien te habla, aunque solo te salude de lejos, es la forma en la que la gente te demuestra su cariño. Yo estoy bien agradecido con eso.
Hace poco me pasó con una nenita de ocho años que estaba afuera de un lugar a la espera de que yo saliera. Me pidió una firma y me pidió una foto. Para mí fue la mayor muestra de cariño de la gente y de Dios. Este me dice: “madre, esto es quien sos vos y perteneces aquí”.
¿Qué mensaje daría a quienes desean iniciar una carrera musical?
—Que crean. Esa es la palabra mágica. La música es un trabajo, es una carrera. Es algo que, primero que nada, tiene que tener muchísimo amor y disciplina. No es solo pararse en un escenario y verse bien, o verse con un outfit bonito.
No es solo así. Que lo hagan con disciplina, sobre todo con amor. Y que sepan que es posible.
¿Cómo se definiría en una palabra y qué mensaje final comparte?
—Apasionado. Apasionado por lo que estoy haciendo y por lo que voy a seguir haciendo. A la gente que me escucha, les digo que estoy agradecido. De verdad, eso es lo que me motiva a seguir con las ganas de hacer música y seguir cantando.
Esto es un sube y baja de emociones. La gente que me escucha y que me manda un mensaje me motiva a querer seguir haciendo más. Y a la gente que no me conoce, les diría que se den la oportunidad de escuchar la música, de escucharme y de saber quién soy.
Viene un concierto bien pronto, ahorita en septiembre. Es nuestro segundo concierto propio de Diego Roldán. Vamos a presentar las canciones nuevas. Es la primera vez que vamos a lanzar todas las canciones que acabamos de sacar.
¿Dónde se realizará ese próximo concierto?
—Vamos a estar en Teatro del Lirio, si Dios nos permite. Ya hemos estado ahí en otras ocasiones. Por eso queremos volver, porque sentimos una vibra bien bonita y acogedora. Ahí podemos hacer un concierto bien bonito y con el corazón abierto.
¡Que Dios los bendiga y que escuchen a Diego Roldán y todo lo que viene próximamente!
A sus 23 años, Diego Roldán ya acumula experiencias que muchos artistas alcanzan después de años de carrera. El cantante guatemalteco de música regional mexicana ha cantado ante miles de personas tras abrir conciertos de Bronco y Marco Antonio Solís. Durante una entrevista con República, dejó la impresión de tener claridad sobre el rumbo que desea para su carrera artística y los objetivos que busca alcanzar. Roldán destacó el respaldo de su familia, la disciplina y la fe como pilares de su trayectoria. Además, resaltó el valor de su equipo de trabajo y de las redes sociales para acercar su música al público. Su meta es innovar mediante la fusión de géneros sin perder autenticidad ni cercanía con sus seguidores.
¿Qué experiencia tiene como artista regional mexicano en Guatemala?
—Amo lo que hago. Estamos con música nueva, algo que no existía, como mezclar géneros y posicionar sonidos. Es bonito y creo que es posible. En Guatemala se puede ser artista y llegar a un montón de corazones. Nuestro reto es alcanzar al mundo. Hemos conocido a un montón de gente que me ha hecho pensar así.
La experiencia más bonita es conocer a personas que comparten este sueño. También tienen estas ganas de salir. Por eso creo que sí se puede. Es una aventura interesante.
¿Cómo surgió el contacto para abrir el concierto de Marco Antonio Solís?
—Fue de las experiencias más grandes en mi carrera. El contacto, yo siempre digo que es Dios, pues ha hecho cosas grandes. Solo le faltó bajarse del cielo y decirme: “mira, vos podés”.
Tuve un tiempo, cuando empecé a cantar, que yo decía que no pertenecía a esto. Entonces, empecé a ir a la iglesia. Me acerqué mucho a Dios y allí conocí a un empresario que trae artistas. Me dio la mano y me dijo: “mira, yo voy a confiar en vos. Te voy a dar las oportunidades”.
Estuvimos con Bronco tres veces, una banda que admiramos bastante. La primera no la podía creer. Cuando estaba en la tercera dije: “madre, esto es de verdad”.
¿Cómo vivió la experiencia de cantar ante miles de personas?
—Agarré el micrófono y dije: “esta gente viene por Marco Antonio y no por el artista nacional; no viene por Diego”. Temblé de las piernas y digo: “buenas noches, Guatemala”. Y escucho esa vibración de la gente. Eran 14 500 personas felices y con gritos.
Me hicieron creer que estaban ahí por mí. Ha sido la experiencia más grande que he vivido hasta el momento y esperamos que vengan muchísimas más.
¿Cómo ha influido su familia en el desarrollo artístico profesional?
—Es una bendición. Dios todo lo hace perfecto. Nos complementamos más que todo con mi hermano Rodrigo. Ahorita es mi manager, productor, mano derecha y, donde le gusta cantar, ya estuvo que me quitó el puesto. Hace absolutamente de todo. Y el apoyo de mis papás, la verdad es que ha sido incondicional desde el primer día.
De hecho, mi mamá me metió a clases de canto sin que yo supiera, porque a mí me daba pavor cantar enfrente de la gente. Ella también cantaba y tenía este sueño. Me metió a las clases con Angélica Rosa. Una maestra que yo amo con todo mi corazón. Siempre digo que ella me hizo como artista y como persona. Mi hermana también está en las redes sociales y hace cosas constantemente.
¿Cómo logró desenvolverse con naturalidad frente a los medios?
—Es por la experiencia de ir a varios lugares y de conocer a las personas. Vuelvo a mencionar a Angélica. Fue una maestra divina, preciosa. Me preparó en varios ámbitos, no solo en cantar. Me enseñó que cantar no es solo pararse en el escenario y verse bonito.
Me enseñó teatro, me enseñó modelaje y me enseñó cosas que yo dije que jamás iba a hacer en la vida. Entré a la clase y dijo: “mira, te voy a poner a modelar ahorita”. Dije: “pues yo no quiero hacer eso, yo quiero cantar”. ¡Pensé que iba a entrar y me iban a poner a cantar de una! ¡Mentiras!
Me ponía a hacer monólogos de comedia y de tristeza. Eso me ayudó bastante. Por eso la admiro mucho.
¿Cómo continúa su formación artística después de las clases?
—Nunca voy a dejar de aprender. Cuando terminé mis clases con Angélica, y ella me soltó, dijo: “mira, este es el mundo real”. Así empezamos a cantar en lugares que nunca voy a olvidar. Hay lugares bonitos y también feos. Obviamente, uno no sale a cantar en un estadio de una vez.
Tuvimos varias experiencias en las que el público me miraba y decía: “¿quién es este?” Y yo, de los nervios, terminaba con voz de gallo y otras cosas. Eso me formó y seguimos con el aprendizaje. Conocer músicos es la parte más importante. Ahorita contamos con 11 en la banda y todos ellos me enseñan día con día.
¿Cómo se integra el equipo que le respalda en cada proyecto musical?
—No es solo Diego Roldán. Hay un montón de gente atrás. Vuelvo a mencionar a Dios, porque me mandó un equipo bien bonito y grande. Es gente que tiene el mismo sueño que yo y que me quiere ver bien. Admiro a cada uno de los músicos. Nosotros tenemos un dicho que dice: “detrás de un artista hay más artistas”.
Porque eso es lo que son. No solo los músicos. Otro ejemplo: De hecho, en mi Instagram tenemos una sección que se llama Detrás de un artista hay más artistas, donde hablamos de todos ellos.
¿Cómo ha enfrentado el reto de crecer en redes sociales?
—Una cosa es cantar y otra hacer contenido. Hoy en día creo que va muy de la mano. Hay que subir contenido todos los días. La gente quiere ver cosas nuevas, deslizar y verte otra vez. Toca meterse en el teléfono de las personas. La experiencia es bonita y bien chistosa.
Hemos hecho contenido de un montón de cosas. Ahí meto a mi hermano otra vez, pues se encarga de eso. Yo empecé a realizar contenido en la pandemia, y era de comedia, algo que no iba de la mano con la música. La transformación de contenidos es interesante. No cualquiera se pone enfrente de una cámara. A mí me encanta hacer contenido y ser yo.
¿Cómo maneja la diferencia entre la vida real y la digital?
—Es muy parecida. En cámaras no soy muy diferente a quien soy yo en la vida cotidiana. Siempre he querido ser transparente, aunque a veces es difícil. Obviamente, no puedo agradarle a todo el mundo.
¿Qué diferencias encontró entre los públicos?
—Todos los públicos son diferentes, pero inolvidables, a pesar de que estemos en la misma región. Visitamos Jutiapa, Chiquimula y Quetzaltenango. La ciudad es nuestro lugar más recurrente.
La primera vez canté en un restaurante donde nadie me escuchó. Y a los meses, porque fue rapidísimo, le abrimos el concierto a Bronco con 10 000 personas. Fue un cambio bien bonito. Sigo sin creerlo, pero lo disfruto.
¿Qué canción considera más importante dentro de su carrera artística?
—La primera canción que compuse fue Invisible. La hicimos con el productor Juan Fernando Herrera, a quien admiro bastante. Él me ayudó a meterme en ese ámbito. Porque una cosa es grabar en un estudio y otra cantar en el escenario. Son artes diferentes.
Tatl G me enseñó cómo era la composición, en especial con esta canción. Otra composición que me gusta mucho es Cuídela bonito. Es de mis primeras producciones. Por último, destaco la reciente producción discográfica de Ni Limón Ni Sal, que tiene cuatro canciones. Es nuestro primer EP (Extended Play).
¿Por qué eligió la música regional mexicana como género principal?
—Siempre estuve de botas y sombrero. Mi papá es de Oriente y nos lo inculcó. Entonces, el género es parte de nuestras vidas. Me mueve el alma y el corazón. La música es mover sentimientos y mover el alma. No solo son sonidos bonitos. Y este género me lo da totalmente.
¿En qué otros géneros musicales le gustaría incursionar?
—El primero sería la cumbia. Nosotros queremos mezclar géneros, fusionar sonidos y hacer cosas nuevas. Y hoy en día se puede. Le seguiría el merengue. Ahora hacemos algo con funk. Será algo movido, pero siempre mezclado. Porque existen un montón. Son como los idiomas, los colores, las letras.
Evolucionan todo el tiempo y se pueden hacer muchísimas cosas más. Y ni las conocemos. Porque en el tiempo de Vicente Fernández, si hubiera escuchado un corrido tumbado, hubiera dicho: “¿qué pasa aquí?”.
¿Con qué artistas sueña colaborar en Guatemala y el extranjero?
—Hay artistas que nos han inculcado bastante. Referentes bien grandes. Bronco es uno de ellos, de los pioneros de la cumbia regional. Con ellos sería un sueño. Hemos estado en movimientos para lograrlo.
Hay una banda nueva que se llama Bohemio. Yo los veo muy parecidos, en el mismo ámbito e incluso en las mismas edades. Con ellos está el sueño. Y, obviamente, ¿por qué no soñar con Carín León?, que es el referente más grande.
Vimos a Edén Muñoz en vivo. Lo conocimos y me di cuenta de que es un artista gigante. Con él está la meta. El Grupo Frontera es otra opción. Madre, hay artistas que son gigantes. ¡Me encantaría colaborar con ellos!
¿Cómo ha manejado los altibajos emocionales de la carrera artística?
—Es un sube y baja de emociones. En esta carrera así es, pero tomado de la mano de Dios, todo va a ser con paz. Y eso he buscado en mi carrera. Ver un comentario malo me puede bajonear. Pasa, porque soy humano. Tengo claro que pertenezco aquí, que pertenezco a esta carrera y que van a venir cosas bien grandes.
¿Qué profesión habría elegido si la música no existiera?
—Yo hubiera sido albañil para seguir cantando. Mentira. La verdad es que me llamaban la atención la medicina y la psicología. Ahora, como cantante, creo que sigo en modo psicólogo. Porque los sentimientos son lo más grande. Incluso más que la voz y más que el show. Los sentimientos están.
Otro escenario sería el de tomar fotos a la par de mi hermano; sería la mano derecha. Hubiese sido al revés el rol.
¿Qué aspiraciones familiares tiene más allá de la carrera musical?
—Creo que formar una familia sería algo muy bonito. Esa etapa también transformaría mis letras y les daría un sentido distinto. Si algún día mis hijos se interesan por la música, los apoyaré con todo. Aunque pienso que mi futuro hijo podría ser doctor, cirujano o algo así.
¿Cómo ha sido su relación con el público fuera de los escenarios?
—Ha sido bien bonito: cada vez que la gente me saluda o me pide una foto, estoy bien agradecido con ellos, pues son las personas que me escuchan. Así es como la gente demuestra su cariño y su amor.
Hay muchas personas que te pueden conocer, que pueden saber quién sos en la calle y decir: “madre, ahí va ese man”, o incluso utilizar palabras menos agradables. Pero si alguien te habla, aunque solo te salude de lejos, es la forma en la que la gente te demuestra su cariño. Yo estoy bien agradecido con eso.
Hace poco me pasó con una nenita de ocho años que estaba afuera de un lugar a la espera de que yo saliera. Me pidió una firma y me pidió una foto. Para mí fue la mayor muestra de cariño de la gente y de Dios. Este me dice: “madre, esto es quien sos vos y perteneces aquí”.
¿Qué mensaje daría a quienes desean iniciar una carrera musical?
—Que crean. Esa es la palabra mágica. La música es un trabajo, es una carrera. Es algo que, primero que nada, tiene que tener muchísimo amor y disciplina. No es solo pararse en un escenario y verse bien, o verse con un outfit bonito.
No es solo así. Que lo hagan con disciplina, sobre todo con amor. Y que sepan que es posible.
¿Cómo se definiría en una palabra y qué mensaje final comparte?
—Apasionado. Apasionado por lo que estoy haciendo y por lo que voy a seguir haciendo. A la gente que me escucha, les digo que estoy agradecido. De verdad, eso es lo que me motiva a seguir con las ganas de hacer música y seguir cantando.
Esto es un sube y baja de emociones. La gente que me escucha y que me manda un mensaje me motiva a querer seguir haciendo más. Y a la gente que no me conoce, les diría que se den la oportunidad de escuchar la música, de escucharme y de saber quién soy.
Viene un concierto bien pronto, ahorita en septiembre. Es nuestro segundo concierto propio de Diego Roldán. Vamos a presentar las canciones nuevas. Es la primera vez que vamos a lanzar todas las canciones que acabamos de sacar.
¿Dónde se realizará ese próximo concierto?
—Vamos a estar en Teatro del Lirio, si Dios nos permite. Ya hemos estado ahí en otras ocasiones. Por eso queremos volver, porque sentimos una vibra bien bonita y acogedora. Ahí podemos hacer un concierto bien bonito y con el corazón abierto.
¡Que Dios los bendiga y que escuchen a Diego Roldán y todo lo que viene próximamente!
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: