De partidos franquicia a franquicias de partidos: la evolución del sistema de partidos guatemalteco
Por muchos años, la característica principal del sistema político guatemalteco ha sido que los partidos políticos son utilizados como organizaciones que solo funcionan durante la campaña política. Como consecuencia de esta percepción, el sistema de partidos tiende a ser altamente fragmentado. Aunque esta estructura es positiva a nivel político, dado que evita la concentración de poder, también puede ser una configuración negativa, ya que dificulta la gobernabilidad por la falta de consensos. Esta característica es abordada por el politólogo Jonathan Lemus en su trabajo titulado “Partidos franquicia”: la distorsión del modelo de organización de la Ley Electoral y de Partidos Políticos, debido a que él plantea que el mal estado del sistema de partidos se debe a la presencia de partidos franquicia, definidos como organizaciones cuya marca es cedida por los Comités Ejecutivos Nacionales (CNE) a algún candidato durante la época electoral. Esta práctica le ofrece a los candidatos una plataforma y una base electoral conocida sobre la cual promover su candidatura, al mismo tiempo que les permite traspasar las barreras electorales impuestas por la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP). Ahora bien, debido a que los partidos se transforman en meros vehículos electorales, el autor califica esta situación como una distorsión del modelo electoral establecido en la Ley, la cual fue diseñada para promover la representatividad.
No obstante, la arena política actual refleja una evolución de este sistema, ya que se puede observar cómo ha pasado a ser uno dominado por partidos franquicia a uno capturado por franquicias de partidos. Esto se debe a que cuando se observa el listado de comités para la formación de partidos políticos del Tribunal Supremo Electoral (TSE) es fácil notar la prevalencia de nombres conocidos en la política guatemalteca. Entre los secretarios generales de estas “nuevas” organizaciones se pueden encontrar desde exministros, pasando por diputados actuales y exdiputados, hasta excandidatos presidenciales. Así pues, esta transformación plantea un nuevo modelo de sistema de partidos, las franquicias. En este sentido, las organizaciones políticas mantienen un partido matriz a nivel departamental, lo cual reduce los costos de organización y marketing político a nivel local, debido al poder que mantienen los diputados departamentales sobre su electorado, y a nivel nacional, como vehículo para la campaña Presidencial, se crean partidos satélite o franquicias, a fin de presentar una imagen diferente y supuestamente ajena a la dinámica tradicional. Esta estrategia es beneficiosa en dos sentidos. En primer lugar, para el votante, cuya información es limitada, existe una desvinculación mental entre las organizaciones políticas tradicionales y las nuevas propuestas, lo cual crea una ilusión por el cambio. En segundo lugar, para los partidos, esta alternativa les permite concentrar beneficios políticos y dispersar los costos de participación.
El reciclaje de figuras conocidas bajo nuevas siglas
Esta profundización en la distorsión del sistema de partidos es producto de la combinación de tres factores. Por un lado, el mercado de “venta” de marcas de partidos ya no es sostenible, ya que las marcas tradicionales se han desgastado, por lo que ya no resulta ser un negocio rentable en el largo plazo. Por otro lado, la desafección política generalizada entre el electorado guatemalteco ha incrementado la demanda por nuevas propuestas políticas, lo cual ha abierto paso para supuestos “outsiders” políticos. Asimismo, la tendencia hacia la judicialización del proceso electoral ha reducido el poder de los CNE, como entes organizadores, lo cual, a su vez, ha desvirtuado su sentido de representación.
Ahora bien, este nuevo modelo de sistema de partidos también plantea grandes preguntas sobre el estado político del país. En principio, la LEPP fue diseñada con el objetivo de promover un sistema mayoritario, en donde los partidos pequeños no tuvieran cabida. Como consecuencia, la norma impone altas barreras de entrada, como los procesos de afiliación y financiamiento. Así pues, tomando este ideal como punto de partida, es válido preguntarse por qué los políticos consideran que es más fácil crear un nuevo partido, antes que fortalecer las instituciones que ya existen. Adicionalmente, también se plantean dudas sobre la falta de institucionalidad de las organizaciones políticas y cómo esto podría tener repercusiones para el próximo proceso electoral de 2027. Entonces, aunque las potenciales propuestas políticas se presenten como “nuevas” alternativas, este modelo sugiere que estas franquicias son el mismo fondo, con forma diferente.
De partidos franquicia a franquicias de partidos: la evolución del sistema de partidos guatemalteco
Por muchos años, la característica principal del sistema político guatemalteco ha sido que los partidos políticos son utilizados como organizaciones que solo funcionan durante la campaña política. Como consecuencia de esta percepción, el sistema de partidos tiende a ser altamente fragmentado. Aunque esta estructura es positiva a nivel político, dado que evita la concentración de poder, también puede ser una configuración negativa, ya que dificulta la gobernabilidad por la falta de consensos. Esta característica es abordada por el politólogo Jonathan Lemus en su trabajo titulado “Partidos franquicia”: la distorsión del modelo de organización de la Ley Electoral y de Partidos Políticos, debido a que él plantea que el mal estado del sistema de partidos se debe a la presencia de partidos franquicia, definidos como organizaciones cuya marca es cedida por los Comités Ejecutivos Nacionales (CNE) a algún candidato durante la época electoral. Esta práctica le ofrece a los candidatos una plataforma y una base electoral conocida sobre la cual promover su candidatura, al mismo tiempo que les permite traspasar las barreras electorales impuestas por la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP). Ahora bien, debido a que los partidos se transforman en meros vehículos electorales, el autor califica esta situación como una distorsión del modelo electoral establecido en la Ley, la cual fue diseñada para promover la representatividad.
No obstante, la arena política actual refleja una evolución de este sistema, ya que se puede observar cómo ha pasado a ser uno dominado por partidos franquicia a uno capturado por franquicias de partidos. Esto se debe a que cuando se observa el listado de comités para la formación de partidos políticos del Tribunal Supremo Electoral (TSE) es fácil notar la prevalencia de nombres conocidos en la política guatemalteca. Entre los secretarios generales de estas “nuevas” organizaciones se pueden encontrar desde exministros, pasando por diputados actuales y exdiputados, hasta excandidatos presidenciales. Así pues, esta transformación plantea un nuevo modelo de sistema de partidos, las franquicias. En este sentido, las organizaciones políticas mantienen un partido matriz a nivel departamental, lo cual reduce los costos de organización y marketing político a nivel local, debido al poder que mantienen los diputados departamentales sobre su electorado, y a nivel nacional, como vehículo para la campaña Presidencial, se crean partidos satélite o franquicias, a fin de presentar una imagen diferente y supuestamente ajena a la dinámica tradicional. Esta estrategia es beneficiosa en dos sentidos. En primer lugar, para el votante, cuya información es limitada, existe una desvinculación mental entre las organizaciones políticas tradicionales y las nuevas propuestas, lo cual crea una ilusión por el cambio. En segundo lugar, para los partidos, esta alternativa les permite concentrar beneficios políticos y dispersar los costos de participación.
El reciclaje de figuras conocidas bajo nuevas siglas
Esta profundización en la distorsión del sistema de partidos es producto de la combinación de tres factores. Por un lado, el mercado de “venta” de marcas de partidos ya no es sostenible, ya que las marcas tradicionales se han desgastado, por lo que ya no resulta ser un negocio rentable en el largo plazo. Por otro lado, la desafección política generalizada entre el electorado guatemalteco ha incrementado la demanda por nuevas propuestas políticas, lo cual ha abierto paso para supuestos “outsiders” políticos. Asimismo, la tendencia hacia la judicialización del proceso electoral ha reducido el poder de los CNE, como entes organizadores, lo cual, a su vez, ha desvirtuado su sentido de representación.
Ahora bien, este nuevo modelo de sistema de partidos también plantea grandes preguntas sobre el estado político del país. En principio, la LEPP fue diseñada con el objetivo de promover un sistema mayoritario, en donde los partidos pequeños no tuvieran cabida. Como consecuencia, la norma impone altas barreras de entrada, como los procesos de afiliación y financiamiento. Así pues, tomando este ideal como punto de partida, es válido preguntarse por qué los políticos consideran que es más fácil crear un nuevo partido, antes que fortalecer las instituciones que ya existen. Adicionalmente, también se plantean dudas sobre la falta de institucionalidad de las organizaciones políticas y cómo esto podría tener repercusiones para el próximo proceso electoral de 2027. Entonces, aunque las potenciales propuestas políticas se presenten como “nuevas” alternativas, este modelo sugiere que estas franquicias son el mismo fondo, con forma diferente.