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De los clósets improvisados a su primer álbum: la historia de Dahirani

Fotografia: Diego Cabrera
Alicia Utrera
05 de junio, 2026

Sentada en un sofá color beige, Dahirani acomoda sus lentes redondos sobre el puente de la nariz mientras escucha una pregunta. Lleva un vestido en tonos tierra, varios collares artesanales y una pulsera que gira distraídamente entre los dedos cuando busca las palabras adecuadas. Detrás de ella, una pared verde grisácea decorada con figuras blancas de formas orgánicas parece dialogar con el universo que ha construido a través de su música: naturaleza, introspección y una permanente búsqueda de significado. 

La cantautora guatemalteca está a punto de presentar uno de los proyectos más importantes de su carrera. El próximo 6 de junio lanzará digitalmente Alas Abiertas, su primer álbum de estudio, y cinco días después, el 11, llevará esas canciones al escenario del Auditorio de la Cámara de Industria de Guatemala en un concierto acústico que marcará su presentación oficial. 

Habla de ese momento con ilusión, pero también con una especie de incredulidad difícil de ocultar. Durante años imaginó cómo sería lanzar un álbum propio. Escribió canciones, grabó maquetas, participó en proyectos artísticos y buscó la manera de abrirse espacio dentro de una escena donde los artistas independientes suelen avanzar más por convicción que por certezas. Por eso, mientras describe el disco, la sensación que transmite no es la de alguien que está iniciando un proyecto, sino la de una persona que finalmente llegó a un lugar que llevaba mucho tiempo buscando. 

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"Siempre había una excusa. Quería hacerlo, pero siempre encontraba una razón para esperar", admite. 

La frase aparece casi al inicio de la conversación, pero termina funcionando como una llave para entender todo lo que vino antes. 

Fotografia: Diego Cabrera

Mucho antes de Alas Abiertas 

Cuando habla de su infancia, las respuestas llegan con más facilidad. Sonríe con frecuencia y las manos comienzan a acompañar cada recuerdo. Creció en una familia numerosa donde el arte estaba presente sin necesidad de ocupar el centro de la conversación.  

Su padre colecciona música y escucha desde composiciones académicas hasta música popular. Su madre canta y pinta. Había hermanos, primos, reuniones familiares y una constante exposición a distintas formas de expresión artística. 

No recuerda un momento exacto en el que decidiera dedicarse a la música. No existe una historia perfecta ni una epifanía infantil que explique todo lo que vino después. Más bien habla de pequeñas experiencias que fueron dejando huella con el paso de los años. Programas musicales en televisión, personajes que cantaban, canciones que escuchaba en casa y algunos comentarios que todavía conserva en la memoria. 

"Hubo personas que me dijeron que mi voz era bonita y peculiar. Esas cosas se quedan grabadas en el corazón". 

Mientras lo recuerda sonríe como si aquella escena siguiera ocurriendo en algún lugar de su memoria. Durante unos segundos deja de ser la artista que está a punto de lanzar un álbum y vuelve a ser la niña que descubría que quizá tenía algo que decir a través de la música. 

Con el tiempo llegaron otras disciplinas. La danza, el teatro, la pintura y la poesía comenzaron a ocupar espacios importantes en su vida. Estudió una licenciatura en Arte con especialización en Música y construyó una trayectoria marcada por la exploración constante. Sin embargo, aunque cambiaban los escenarios y los proyectos, siempre terminaba regresando al mismo lugar: las canciones. 

Fotografia: Diego Cabrera

Escribir para entender lo que ocurre adentro 

Hay algo que se repite una y otra vez durante la conversación: la idea de que la música nació como una forma de comprenderse. 

Cuando habla de la escritura, el ritmo de sus respuestas cambia. Las palabras comienzan a salir más rápido. Las manos se mueven con mayor naturalidad. Da la impresión de que está describiendo un territorio que conoce profundamente. 

Dice que nunca fue una persona que encontrara facilidad para expresar todo lo que sentía hablando. La escritura apareció como una alternativa mucho más cómoda. Primero llegaron los textos, luego los poemas y finalmente las canciones. 

Fotografia: Diego Cabrera

"Todo lo que pasa y me atraviesa se vuelve canción o poesía". Esta frase ayuda a entender por qué sus composiciones rara vez giran únicamente alrededor del amor o el desamor. Aunque esos temas aparecen, sus canciones suelen concentrarse en procesos internos, momentos de transformación, preguntas existenciales y etapas de crecimiento personal. 

A lo largo de la entrevista utiliza varias veces palabras como conciencia, autodescubrimiento y transformación. No obstante, cuando habla de ellas no se refiere a conceptos aprendidos en un libro de autoayuda. Sino más bien a experiencias vividas. A momentos concretos que terminaron encontrando refugio en una melodía o en una letra. 

"La vulnerabilidad para mí es una fortaleza", afirma sin dramatismo.  

Fotografia: Diego Cabrera

Los años en los que el álbum no llegaba 

Si algo sorprende al escucharla es descubrir que Alas Abiertas pudo no existir, no porque faltaran canciones. Lo que faltaba era casi todo lo demás. 

Durante años compaginó distintos proyectos artísticos al mismo tiempo. Teatro, danza, música, pintura y colaboraciones diversas ocupaban su agenda. Esa variedad le permitió crecer, aprender y experimentar, pero también la mantenía constantemente dividida. 

Mientras recuerda esa etapa, la sonrisa desaparece por momentos. 

"Sentía que estaba desperdiciando mi talento y mi energía en otras cosas". 

El álbum permanecía en alguna parte del horizonte. Siempre visible. Siempre pendiente. A veces faltaba dinero. Otras veces faltaba tiempo. En ocasiones simplemente faltaba la convicción de dar el paso. 

Fotografia: Diego Cabrera

Las primeras grabaciones fueron realizadas en condiciones muy lejanas a las de un estudio profesional. Utilizaba colchones para disminuir el eco y aprovechaba la ropa colgada dentro de un clóset para crear un espacio de grabación improvisado. 

Cuando cuenta la historia se ríe. "Los clósets son perfectos porque no hay tanto eco." 

La anécdota provoca una sonrisa, pero detrás de ella hay años de esfuerzo silencioso. Canciones grabadas con los recursos disponibles y una insistencia que sobrevivió incluso cuando parecía más fácil abandonar la idea. 

El día que decidió apostar por sí misma 

El punto de quiebre llegó el año pasado. 

Después de años repartiendo su atención entre distintos proyectos, decidió concentrarse en aquello que realmente quería construir. Fue una decisión que vino acompañada de incertidumbre, pero también de una claridad que hasta entonces no había encontrado. 

En ese momento apareció una idea inesperada. Creó un sistema de micromecenazgo para financiar el álbum y comenzó a contactar personas que creía podrían interesarse en apoyar el proyecto. Así nació el llamado Clan de Alas Abiertas. 

Cuando la conversación llega a ese tema, algo cambia. Las manos dejan de moverse durante unos segundos. La voz baja ligeramente. Y las pausas se vuelven más largas. 

"Hay gente que cree en mí, cuando a veces yo no creo en mí misma". 

Fotografia: Diego Cabrera

La emoción aparece inmediatamente después de la frase. No intenta esconderla. Tampoco dramatizarla. Simplemente está ahí. 

Para una artista acostumbrada a resolver las cosas sola, aceptar ayuda terminó siendo tan importante como grabar.  El apoyo económico permitió financiar el álbum, pero lo que realmente la transformó fue descubrir que había personas dispuestas a apostar por algo que todavía estaba tomando forma. 

"Como artista, para crecer necesitas comunidad". Esa comunidad terminó convirtiéndose en el impulso definitivo para comenzar la producción junto al productor Gerber del Cid y transformar años de ideas dispersas en un proyecto concreto. 

Un álbum que significa renacer 

Aunque ninguna canción lleva ese nombre, Alas Abiertas resume perfectamente el momento que está viviendo. La palabra que más se repite cuando habla del disco es renacer. 

La utiliza para describir lo que sintió durante el proceso de producción. Para hablar del momento actual. Y también para explicar por qué este álbum tiene un significado distinto a cualquier otro proyecto en el que ha participado. 

"Siento que este álbum es mi renacer." Por primera vez durante la conversación no parece buscar palabras. No duda. No corrige la frase. Simplemente la deja existir. 

Y quizá porque es una de las respuestas más simples, también termina siendo una de las más sinceras. 

A sus 32 años reconoce que en ocasiones sintió que había comenzado tarde. Que tal vez otras personas avanzaban más rápido. Que tal vez el momento adecuado ya había pasado. 

Hoy piensa diferente. "Empecé cuando tenía que empezar y viví lo que tenía que vivir". La frase suena menos a una justificación y más a una reconciliación con su propia historia. 

Fotografia: Diego Cabrera

La noche que ha imaginado durante años 

Cada vez que menciona el concierto del 11 de junio aparece una sonrisa distinta. Más nerviosa. Más ilusionada. Más difícil de esconder. 

Se inclina ligeramente hacia adelante mientras intenta imaginar cómo se sentirá cuando las luces se apaguen y las primeras canciones comiencen a sonar en el Auditorio de Cámara de Industria. 

"Me imagino una noche muy conmovedora." Luego se ríe. Y admite algo que parece inevitable. Probablemente llorará. 

No porque le preocupe cantar frente a una audiencia. Después de años sobre escenarios, los nervios ya no son el centro de la experiencia. Lo que la conmueve es todo lo que representa ese momento. 

Las canciones. El camino recorrido. Las personas que la apoyaron. Los años de espera. Las dudas que quedaron atrás. 

Por eso, cuando habla de lo que espera que ocurra esa noche, no menciona grandes producciones ni espectáculos deslumbrantes. Habla de conexión. 

"Quisiera que la gente se permitiera recibir y conectar con eso que a veces no nos permitimos sentir".  

Quizá ahí está la esencia de Alas Abiertas. No en el lanzamiento digital del 6 de junio. Ni siquiera en el concierto. Sino en la decisión que hizo posible ambas cosas: dejar de esperar el momento perfecto y empezar a creer que ya había llegado. 

De los clósets improvisados a su primer álbum: la historia de Dahirani

Fotografia: Diego Cabrera
Alicia Utrera
05 de junio, 2026

Sentada en un sofá color beige, Dahirani acomoda sus lentes redondos sobre el puente de la nariz mientras escucha una pregunta. Lleva un vestido en tonos tierra, varios collares artesanales y una pulsera que gira distraídamente entre los dedos cuando busca las palabras adecuadas. Detrás de ella, una pared verde grisácea decorada con figuras blancas de formas orgánicas parece dialogar con el universo que ha construido a través de su música: naturaleza, introspección y una permanente búsqueda de significado. 

La cantautora guatemalteca está a punto de presentar uno de los proyectos más importantes de su carrera. El próximo 6 de junio lanzará digitalmente Alas Abiertas, su primer álbum de estudio, y cinco días después, el 11, llevará esas canciones al escenario del Auditorio de la Cámara de Industria de Guatemala en un concierto acústico que marcará su presentación oficial. 

Habla de ese momento con ilusión, pero también con una especie de incredulidad difícil de ocultar. Durante años imaginó cómo sería lanzar un álbum propio. Escribió canciones, grabó maquetas, participó en proyectos artísticos y buscó la manera de abrirse espacio dentro de una escena donde los artistas independientes suelen avanzar más por convicción que por certezas. Por eso, mientras describe el disco, la sensación que transmite no es la de alguien que está iniciando un proyecto, sino la de una persona que finalmente llegó a un lugar que llevaba mucho tiempo buscando. 

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"Siempre había una excusa. Quería hacerlo, pero siempre encontraba una razón para esperar", admite. 

La frase aparece casi al inicio de la conversación, pero termina funcionando como una llave para entender todo lo que vino antes. 

Fotografia: Diego Cabrera

Mucho antes de Alas Abiertas 

Cuando habla de su infancia, las respuestas llegan con más facilidad. Sonríe con frecuencia y las manos comienzan a acompañar cada recuerdo. Creció en una familia numerosa donde el arte estaba presente sin necesidad de ocupar el centro de la conversación.  

Su padre colecciona música y escucha desde composiciones académicas hasta música popular. Su madre canta y pinta. Había hermanos, primos, reuniones familiares y una constante exposición a distintas formas de expresión artística. 

No recuerda un momento exacto en el que decidiera dedicarse a la música. No existe una historia perfecta ni una epifanía infantil que explique todo lo que vino después. Más bien habla de pequeñas experiencias que fueron dejando huella con el paso de los años. Programas musicales en televisión, personajes que cantaban, canciones que escuchaba en casa y algunos comentarios que todavía conserva en la memoria. 

"Hubo personas que me dijeron que mi voz era bonita y peculiar. Esas cosas se quedan grabadas en el corazón". 

Mientras lo recuerda sonríe como si aquella escena siguiera ocurriendo en algún lugar de su memoria. Durante unos segundos deja de ser la artista que está a punto de lanzar un álbum y vuelve a ser la niña que descubría que quizá tenía algo que decir a través de la música. 

Con el tiempo llegaron otras disciplinas. La danza, el teatro, la pintura y la poesía comenzaron a ocupar espacios importantes en su vida. Estudió una licenciatura en Arte con especialización en Música y construyó una trayectoria marcada por la exploración constante. Sin embargo, aunque cambiaban los escenarios y los proyectos, siempre terminaba regresando al mismo lugar: las canciones. 

Fotografia: Diego Cabrera

Escribir para entender lo que ocurre adentro 

Hay algo que se repite una y otra vez durante la conversación: la idea de que la música nació como una forma de comprenderse. 

Cuando habla de la escritura, el ritmo de sus respuestas cambia. Las palabras comienzan a salir más rápido. Las manos se mueven con mayor naturalidad. Da la impresión de que está describiendo un territorio que conoce profundamente. 

Dice que nunca fue una persona que encontrara facilidad para expresar todo lo que sentía hablando. La escritura apareció como una alternativa mucho más cómoda. Primero llegaron los textos, luego los poemas y finalmente las canciones. 

Fotografia: Diego Cabrera

"Todo lo que pasa y me atraviesa se vuelve canción o poesía". Esta frase ayuda a entender por qué sus composiciones rara vez giran únicamente alrededor del amor o el desamor. Aunque esos temas aparecen, sus canciones suelen concentrarse en procesos internos, momentos de transformación, preguntas existenciales y etapas de crecimiento personal. 

A lo largo de la entrevista utiliza varias veces palabras como conciencia, autodescubrimiento y transformación. No obstante, cuando habla de ellas no se refiere a conceptos aprendidos en un libro de autoayuda. Sino más bien a experiencias vividas. A momentos concretos que terminaron encontrando refugio en una melodía o en una letra. 

"La vulnerabilidad para mí es una fortaleza", afirma sin dramatismo.  

Fotografia: Diego Cabrera

Los años en los que el álbum no llegaba 

Si algo sorprende al escucharla es descubrir que Alas Abiertas pudo no existir, no porque faltaran canciones. Lo que faltaba era casi todo lo demás. 

Durante años compaginó distintos proyectos artísticos al mismo tiempo. Teatro, danza, música, pintura y colaboraciones diversas ocupaban su agenda. Esa variedad le permitió crecer, aprender y experimentar, pero también la mantenía constantemente dividida. 

Mientras recuerda esa etapa, la sonrisa desaparece por momentos. 

"Sentía que estaba desperdiciando mi talento y mi energía en otras cosas". 

El álbum permanecía en alguna parte del horizonte. Siempre visible. Siempre pendiente. A veces faltaba dinero. Otras veces faltaba tiempo. En ocasiones simplemente faltaba la convicción de dar el paso. 

Fotografia: Diego Cabrera

Las primeras grabaciones fueron realizadas en condiciones muy lejanas a las de un estudio profesional. Utilizaba colchones para disminuir el eco y aprovechaba la ropa colgada dentro de un clóset para crear un espacio de grabación improvisado. 

Cuando cuenta la historia se ríe. "Los clósets son perfectos porque no hay tanto eco." 

La anécdota provoca una sonrisa, pero detrás de ella hay años de esfuerzo silencioso. Canciones grabadas con los recursos disponibles y una insistencia que sobrevivió incluso cuando parecía más fácil abandonar la idea. 

El día que decidió apostar por sí misma 

El punto de quiebre llegó el año pasado. 

Después de años repartiendo su atención entre distintos proyectos, decidió concentrarse en aquello que realmente quería construir. Fue una decisión que vino acompañada de incertidumbre, pero también de una claridad que hasta entonces no había encontrado. 

En ese momento apareció una idea inesperada. Creó un sistema de micromecenazgo para financiar el álbum y comenzó a contactar personas que creía podrían interesarse en apoyar el proyecto. Así nació el llamado Clan de Alas Abiertas. 

Cuando la conversación llega a ese tema, algo cambia. Las manos dejan de moverse durante unos segundos. La voz baja ligeramente. Y las pausas se vuelven más largas. 

"Hay gente que cree en mí, cuando a veces yo no creo en mí misma". 

Fotografia: Diego Cabrera

La emoción aparece inmediatamente después de la frase. No intenta esconderla. Tampoco dramatizarla. Simplemente está ahí. 

Para una artista acostumbrada a resolver las cosas sola, aceptar ayuda terminó siendo tan importante como grabar.  El apoyo económico permitió financiar el álbum, pero lo que realmente la transformó fue descubrir que había personas dispuestas a apostar por algo que todavía estaba tomando forma. 

"Como artista, para crecer necesitas comunidad". Esa comunidad terminó convirtiéndose en el impulso definitivo para comenzar la producción junto al productor Gerber del Cid y transformar años de ideas dispersas en un proyecto concreto. 

Un álbum que significa renacer 

Aunque ninguna canción lleva ese nombre, Alas Abiertas resume perfectamente el momento que está viviendo. La palabra que más se repite cuando habla del disco es renacer. 

La utiliza para describir lo que sintió durante el proceso de producción. Para hablar del momento actual. Y también para explicar por qué este álbum tiene un significado distinto a cualquier otro proyecto en el que ha participado. 

"Siento que este álbum es mi renacer." Por primera vez durante la conversación no parece buscar palabras. No duda. No corrige la frase. Simplemente la deja existir. 

Y quizá porque es una de las respuestas más simples, también termina siendo una de las más sinceras. 

A sus 32 años reconoce que en ocasiones sintió que había comenzado tarde. Que tal vez otras personas avanzaban más rápido. Que tal vez el momento adecuado ya había pasado. 

Hoy piensa diferente. "Empecé cuando tenía que empezar y viví lo que tenía que vivir". La frase suena menos a una justificación y más a una reconciliación con su propia historia. 

Fotografia: Diego Cabrera

La noche que ha imaginado durante años 

Cada vez que menciona el concierto del 11 de junio aparece una sonrisa distinta. Más nerviosa. Más ilusionada. Más difícil de esconder. 

Se inclina ligeramente hacia adelante mientras intenta imaginar cómo se sentirá cuando las luces se apaguen y las primeras canciones comiencen a sonar en el Auditorio de Cámara de Industria. 

"Me imagino una noche muy conmovedora." Luego se ríe. Y admite algo que parece inevitable. Probablemente llorará. 

No porque le preocupe cantar frente a una audiencia. Después de años sobre escenarios, los nervios ya no son el centro de la experiencia. Lo que la conmueve es todo lo que representa ese momento. 

Las canciones. El camino recorrido. Las personas que la apoyaron. Los años de espera. Las dudas que quedaron atrás. 

Por eso, cuando habla de lo que espera que ocurra esa noche, no menciona grandes producciones ni espectáculos deslumbrantes. Habla de conexión. 

"Quisiera que la gente se permitiera recibir y conectar con eso que a veces no nos permitimos sentir".  

Quizá ahí está la esencia de Alas Abiertas. No en el lanzamiento digital del 6 de junio. Ni siquiera en el concierto. Sino en la decisión que hizo posible ambas cosas: dejar de esperar el momento perfecto y empezar a creer que ya había llegado. 

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