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Clio’s: precisión, elegancia y sabor que permanece

Fotografía: @javierasturias_photo
Alicia Utrera
07 de mayo, 2026

Un espacio donde la experiencia no se limita al plato, sino que se construye desde la intención, el oficio y una atención al detalle que no busca impresionar, sino permanecer. 

Desde que se cruza el umbral, algo cambia en el ritmo. No hay prisa. La propuesta, inspirada en la cocina francesa pero profundamente arraigada en el producto local, se percibe como un ejercicio de precisión. Todo está pensado para que el comensal no solo coma, sino que habite el momento. La iluminación, la disposición de las mesas, la cadencia del servicio… cada elemento responde a una idea clara: transportar. 

El restaurante nació con esa intención. Bajo la visión de los chefs De la Fuente, el restaurante se plantea como una reinterpretación contemporánea de la tradición francesa, sin caer en la rigidez. Aquí, la técnica no es exhibición, es lenguaje. Y el ingrediente, tratado con respeto casi reverencial, el verdadero protagonista. 

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La experiencia inicia con un tartare de salmón, aguacate y mango. Hay delicadeza en la composición, pero también claridad en los sabores. El salmón aporta una textura sedosa que se entrelaza con la cremosidad del aguacate, mientras el mango introduce un contrapunto frutal que ilumina el conjunto. Sin embargo, es el jengibre el que marca la cadencia, con una frescura punzante que se suaviza con el cilantro. No hay excesos, no hay distracciones. Cada elemento está en su lugar, como si hubiera sido medido al milímetro. 

Fotografía: Clio´s

Luego llegan los platos fuertes, y con ellos, una narrativa más profunda. El medallón de langosta a la meunière es, en esencia, un ejercicio de contención. Cocinado con precisión, logra ese punto exacto en el que la carne se mantiene firme y, al mismo tiempo, jugosa. La mantequilla aromática no busca dominar, sino acompañar, envolviendo el paladar con una suavidad que se despliega lentamente. Es un plato que no grita, pero deja huella. 

Fotografía: Clio´s

En contraste, la pechuga de pato a la naranja introduce una dimensión distinta, más compleja, más estructurada. Sellada con cuidado para conservar su jugosidad, presenta una textura firme que se abre en cada corte. El gastric de naranja, lejos de ser un elemento decorativo, actúa como un hilo conductor: su equilibrio entre acidez y dulzura resalta el carácter del pato sin opacarlo. Aquí, la técnica se pone al servicio del sabor, y el resultado es un plato que se construye en capas, revelándose poco a poco. 

Fotografía: Clio´s

El cierre llega con una pavlova de yuzu que redefine lo que se espera de un postre. Ligera, casi etérea, el merengue ofrece una textura crujiente que se disuelve con facilidad, mientras las notas cítricas del yuzu aportan frescura. No hay pesadez ni saturación. Un final limpio, preciso, coherente con todo lo anterior. 

Fotografía: Clio´s

Pero más allá de los platos, lo que define este lugar es su capacidad de construir una experiencia integral. El servicio, atento sin ser invasivo, refuerza esa sensación de hospitalidad genuina que rara vez se encuentra en propuestas de este nivel. No se trata solo de saber servir, sino de entender el acto de recibir como un oficio. 

Clio’s apuesta por la precisión, la sutileza y el respeto por el detalle. Y en esa decisión, encuentra su identidad. 

Al final, la experiencia no se resume en lo que se comió, sino en lo que se sintió. Porque hay comidas que se olvidan, y otras —como esta— que permanecen. 

Clio’s: precisión, elegancia y sabor que permanece

Fotografía: @javierasturias_photo
Alicia Utrera
07 de mayo, 2026

Un espacio donde la experiencia no se limita al plato, sino que se construye desde la intención, el oficio y una atención al detalle que no busca impresionar, sino permanecer. 

Desde que se cruza el umbral, algo cambia en el ritmo. No hay prisa. La propuesta, inspirada en la cocina francesa pero profundamente arraigada en el producto local, se percibe como un ejercicio de precisión. Todo está pensado para que el comensal no solo coma, sino que habite el momento. La iluminación, la disposición de las mesas, la cadencia del servicio… cada elemento responde a una idea clara: transportar. 

El restaurante nació con esa intención. Bajo la visión de los chefs De la Fuente, el restaurante se plantea como una reinterpretación contemporánea de la tradición francesa, sin caer en la rigidez. Aquí, la técnica no es exhibición, es lenguaje. Y el ingrediente, tratado con respeto casi reverencial, el verdadero protagonista. 

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La experiencia inicia con un tartare de salmón, aguacate y mango. Hay delicadeza en la composición, pero también claridad en los sabores. El salmón aporta una textura sedosa que se entrelaza con la cremosidad del aguacate, mientras el mango introduce un contrapunto frutal que ilumina el conjunto. Sin embargo, es el jengibre el que marca la cadencia, con una frescura punzante que se suaviza con el cilantro. No hay excesos, no hay distracciones. Cada elemento está en su lugar, como si hubiera sido medido al milímetro. 

Fotografía: Clio´s

Luego llegan los platos fuertes, y con ellos, una narrativa más profunda. El medallón de langosta a la meunière es, en esencia, un ejercicio de contención. Cocinado con precisión, logra ese punto exacto en el que la carne se mantiene firme y, al mismo tiempo, jugosa. La mantequilla aromática no busca dominar, sino acompañar, envolviendo el paladar con una suavidad que se despliega lentamente. Es un plato que no grita, pero deja huella. 

Fotografía: Clio´s

En contraste, la pechuga de pato a la naranja introduce una dimensión distinta, más compleja, más estructurada. Sellada con cuidado para conservar su jugosidad, presenta una textura firme que se abre en cada corte. El gastric de naranja, lejos de ser un elemento decorativo, actúa como un hilo conductor: su equilibrio entre acidez y dulzura resalta el carácter del pato sin opacarlo. Aquí, la técnica se pone al servicio del sabor, y el resultado es un plato que se construye en capas, revelándose poco a poco. 

Fotografía: Clio´s

El cierre llega con una pavlova de yuzu que redefine lo que se espera de un postre. Ligera, casi etérea, el merengue ofrece una textura crujiente que se disuelve con facilidad, mientras las notas cítricas del yuzu aportan frescura. No hay pesadez ni saturación. Un final limpio, preciso, coherente con todo lo anterior. 

Fotografía: Clio´s

Pero más allá de los platos, lo que define este lugar es su capacidad de construir una experiencia integral. El servicio, atento sin ser invasivo, refuerza esa sensación de hospitalidad genuina que rara vez se encuentra en propuestas de este nivel. No se trata solo de saber servir, sino de entender el acto de recibir como un oficio. 

Clio’s apuesta por la precisión, la sutileza y el respeto por el detalle. Y en esa decisión, encuentra su identidad. 

Al final, la experiencia no se resume en lo que se comió, sino en lo que se sintió. Porque hay comidas que se olvidan, y otras —como esta— que permanecen. 

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