La tarde del 28 de mayo de 2025 se desvanecía entre sombras cuando el eco de un crimen se instaló en Villa Canales.
Qué destacar. Un médico, originario de Jutiapa, fue arrancado de su rutina como quien arranca una página de un libro sin terminar.
- Su desaparición no fue un accidente ni un olvido: fue un secuestro meticulosamente planeado, una telaraña tejida con hilos de ambición y crueldad.
- Los secuestradores exigieron GTQ 5M por su liberación. La cifra, tan alta como la desesperación de su familia, se convirtió en una promesa rota.
- A pesar de los pagos realizados, la víctima nunca volvió. El dinero se esfumó como agua entre los dedos, y el silencio se instaló en su lugar.
Sí, pero. La Fiscalía contra Secuestros, con el pulso firme de quien ha visto demasiadas veces la cara del horror, tomó el caso.
- En coordinación con el fiscal regional metropolitano y el Comando Antisecuestros de la Policía Nacional Civil, se desplegaron ocho diligencias de allanamiento en San Miguel Petapa, Jutiapa y la ciudad capital.
- Cada puerta que se abrió fue una posibilidad de encontrar respuestas. Cada rincón inspeccionado, una oportunidad de arrancar verdades ocultas.
En el radar. En la zona 5, la captura de Carlos Antonio G., de 37 años, marcó el inicio del desmoronamiento. Portaba una pistola calibre 9 milímetros, con tolva y 17 municiones. Su licencia estaba en regla, pero su libertad no. La orden de captura por plagio o secuestro lo alcanzó como una sombra que nunca dejó de seguirlo.
- Más adelante, en la zona 13, tres piezas más del rompecabezas fueron detenidas: Juan Ubaldo T., de 63 años; su hijo Julio Oswaldo T., de 34; y la esposa de este último, Paola Isabel D., de 35.
- En su poder se encontraron tres celulares, un vehículo con placas P-352CVL, un casco de motorista y una chaqueta negra de cuero.
- Objetos que, en otro contexto, serían cotidianos, pero que aquí se transforman en símbolos de una historia turbia.
Por qué importa. Durante los allanamientos, la evidencia comenzó a hablar.
- Relojes, armas de fuego, municiones, computadoras portátiles, un iPad, un dron, radiotransmisores y cuatro uniformes con insignias de la Policía Nacional Civil fueron embalados por técnicos en criminalística.
- Cada objeto parecía murmurar su parte del relato, como testigos mudos de una tragedia aún sin desenlace.
- Uno de los vehículos incautados habría sido utilizado para cobrar el rescate.
En conclusión. La ironía es punzante: el dinero fue entregado, pero la libertad nunca llegó. La familia, atrapada entre la esperanza y el miedo, hizo lo que pudo.
- Pero los secuestradores jugaron con sus emociones como quien juega con fuego sin temor a quemarse.
- La Fiscalía continúa con las investigaciones. No se descarta que los detenidos estén vinculados a otros hechos delictivos. Las piezas están sobre la mesa, pero el tablero aún guarda secretos. El médico sigue desaparecido, y su ausencia pesa como una piedra en el pecho de quienes lo esperan.
- En esta historia, el crimen no es ficción. Hay secuestros que no solo roban cuerpos, sino también la paz, la fe y el tiempo. Y en Guatemala, a veces ni cinco millones bastan para comprar el regreso de un ser querido.
La tarde del 28 de mayo de 2025 se desvanecía entre sombras cuando el eco de un crimen se instaló en Villa Canales.
Qué destacar. Un médico, originario de Jutiapa, fue arrancado de su rutina como quien arranca una página de un libro sin terminar.
- Su desaparición no fue un accidente ni un olvido: fue un secuestro meticulosamente planeado, una telaraña tejida con hilos de ambición y crueldad.
- Los secuestradores exigieron GTQ 5M por su liberación. La cifra, tan alta como la desesperación de su familia, se convirtió en una promesa rota.
- A pesar de los pagos realizados, la víctima nunca volvió. El dinero se esfumó como agua entre los dedos, y el silencio se instaló en su lugar.
Sí, pero. La Fiscalía contra Secuestros, con el pulso firme de quien ha visto demasiadas veces la cara del horror, tomó el caso.
- En coordinación con el fiscal regional metropolitano y el Comando Antisecuestros de la Policía Nacional Civil, se desplegaron ocho diligencias de allanamiento en San Miguel Petapa, Jutiapa y la ciudad capital.
- Cada puerta que se abrió fue una posibilidad de encontrar respuestas. Cada rincón inspeccionado, una oportunidad de arrancar verdades ocultas.
En el radar. En la zona 5, la captura de Carlos Antonio G., de 37 años, marcó el inicio del desmoronamiento. Portaba una pistola calibre 9 milímetros, con tolva y 17 municiones. Su licencia estaba en regla, pero su libertad no. La orden de captura por plagio o secuestro lo alcanzó como una sombra que nunca dejó de seguirlo.
- Más adelante, en la zona 13, tres piezas más del rompecabezas fueron detenidas: Juan Ubaldo T., de 63 años; su hijo Julio Oswaldo T., de 34; y la esposa de este último, Paola Isabel D., de 35.
- En su poder se encontraron tres celulares, un vehículo con placas P-352CVL, un casco de motorista y una chaqueta negra de cuero.
- Objetos que, en otro contexto, serían cotidianos, pero que aquí se transforman en símbolos de una historia turbia.
Por qué importa. Durante los allanamientos, la evidencia comenzó a hablar.
- Relojes, armas de fuego, municiones, computadoras portátiles, un iPad, un dron, radiotransmisores y cuatro uniformes con insignias de la Policía Nacional Civil fueron embalados por técnicos en criminalística.
- Cada objeto parecía murmurar su parte del relato, como testigos mudos de una tragedia aún sin desenlace.
- Uno de los vehículos incautados habría sido utilizado para cobrar el rescate.
En conclusión. La ironía es punzante: el dinero fue entregado, pero la libertad nunca llegó. La familia, atrapada entre la esperanza y el miedo, hizo lo que pudo.
- Pero los secuestradores jugaron con sus emociones como quien juega con fuego sin temor a quemarse.
- La Fiscalía continúa con las investigaciones. No se descarta que los detenidos estén vinculados a otros hechos delictivos. Las piezas están sobre la mesa, pero el tablero aún guarda secretos. El médico sigue desaparecido, y su ausencia pesa como una piedra en el pecho de quienes lo esperan.
- En esta historia, el crimen no es ficción. Hay secuestros que no solo roban cuerpos, sino también la paz, la fe y el tiempo. Y en Guatemala, a veces ni cinco millones bastan para comprar el regreso de un ser querido.